Simbolismo: Afrodita y Atenea

El equilibrio entre mente y corazón



Advertencia: el siguiente análisis es personal, por lo que se encuentra influenciado por experiencia en la lectura y una mirada reflectiva. No puede ser tomada como veredicto, sino que puede ser utilizada para enriquecer el aspecto de las figuras a continuación.

Atenea es la diosa de la estrategia, la lógica y la batalla. Aúnque también posee otros epítetos que la abren a campos como la artesanía, se suele resaltar la sabiduría como primer atributo. 

Por otro lado, tenemos a Afrodita, la diosa del amor, la sensualidad. Aunque, al igual que Atenea, cumple un rol importante dentro del campo de batalla; no se encarga de generar estrategia, sino que es el sosten del corazón; podemos interpretarlo como la razón de por qué los troyanos luchan y el anhelo de los griegos por volver a casa. 

Atenea representa la guerra estratégica; la lógica, en muchos casos incluso el pensamiento moral y ético. Ella no es el alma, ella encarna la mente. Afrodita, por otra parte encarna las emociones desbordantes, el impulso. 

Ambas son el extremo de la otra, manteniéndose en un constante equilibrio. 

Pero, ¿qué pasa cuándo ese equilibrio se quiebra? 

La caída de Troya

La caída del cuerpo


La historia de Troya bien la conocemos: la mítica guerra que duró 10 años y aplastó a la más grande de las ciudades. Los griegos resultaron ser los vencedores, mientras las invisibles fuerzas divinas, o sea, los dioses actuaban, manipulaban y permitían el desequilibrio de la balanza en las decisiones humanas. Un ejemplo de ello es cuando Aquiles se siente dominado por la ira: donde Agamenón le quita a Briseida, en ese momento el héroe aqueo se ve impulsado por su primera emoción, cegándolo por unos segundos, hasta que Atenea lo agarra de los cabellos haciéndolo entrar en razón. Atenea impide que la situación escale a peores, o según los análisis, es la representación del triunfo del pensamiento moral ante la emoción. 

"Acongojose el Pelida —Aquiles—, y dentro del velludo pecho su corazón discurrió do cosas; o, desnudando la aguda espada que llevaba junto a su muslo, abrirse paso y matar al Arriba —Agamenon—, o calmar su cólera y reprimir su furor. Mientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su corazón y sacaba de la vaina la gran espada, vino Atenea del cielo: envióla Hera, la diosa de los níveos brazos [...]. Púsose detrás del Pelida y le tiró de la blonda cabellera, apareciéndose a él tan sólo; de los demás ninguno la veía".


Por otro lado, Afrodita se encuentra del lado de los troyanos. Pese a que la ciudad se encuentra protegida por el paladín de Atenea —según los mitos, mientras aquella estatua se mantuviera dentro de la ciudad, Troya jamás caería— y otros dioses, el peso cae en la diosa del amor, en las emociones. 
Mientras los griegos ganan botines, y rodean las grandes murallas de la ciudad, los troyanos se asfixian. El paladín actúa como una preocupación simbólica, la mente no descansa y, las emociones como la ira y el descontento —más que nada por la presencia de Helena—invaden la ciudad. 

Recordemos que Afrodita engloba el aspecto del amor, comprendiendo sus caras positivas y negativas. Sin embargo, aquí la encasillamos en las emociones y no solo en el amor. 

"Afrodita—¡No me irrites desgraciada! No sea que, enojándome, te desampare; te aborrezca de modo tan extraordinario como hasta aquí te amé; ponga funestos odios entre troyanos y dánaos, y tú parezcas de mala muerte".


Pero, cuando los griegos logran robar el paladín, les quitan algo mucho más profundo: las preocupaciones y la capacidad de la lógica. Los troyanos, especialmente el rey Príamo se guían por el sentimiento, las supersticiones, permitiendo que los griegos se adentraran a la ciudad. 

Las emociones son la causa de la caída, pues Príamo no se guía por el pensamiento lógico —Atenea—, sino por el alivio y la emoción de haber terminado una guerra de 10 años. 

El desequilibrio de la mente —Atenea—y las emociones—Afrodita— , provocan la caída y destrucción de un cuerpo —Troya.
Homero no habla solo de una ciudad, sino que su obra, La Ilíada, esta llena de simbolismos y advertencias sobre el desequilibrio, no de la adoración de los dioses, sino de no equilibrar aquellos rostros que más nos afectan. 

Troya no cayó por la guerra, sino por alejarse del pensamiento y dejarse llevar las emociones. 
Pues cuando la presencia de Atenea abandona la ciudad, es la emoción de Afrodita la que invade la lógica. 

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